Desde hace algún tiempo el aborto
se ha ido instalando en el debate público, por supuesto como ya es costumbre,
mediado por el sensacionalismo de los medios de comunicación en el contexto de
ciertos casos polémicos y de la coyuntura electoral, alzándose voces sórdidas
desde la Derecha y su gobierno. Por otro lado, diversas organizaciones, tal
como viene ocurriendo hace algunos años, han levantado recientemente
movilizaciones que reivindican el derecho al aborto.
El presente texto es, en primer lugar, un llamado a - y propuestas para - cambiar la
situación de Chile en este asunto. Y en segundo lugar, la expresión de una
postura ante la interrogante que se nos plantea en el aborto sobre la vida humana a partir de un ejercicio
reflexivo en el marco del Humanismo (1).
La inmensa sensibilidad y
complejidad de este tema es innegable, pues en este debate están involucrados
temas muy profundos y polémicos. En palabras de
Umberto Eco; “Definir qué es y dónde empieza la vida es una cuestión en
la que nos jugamos la vida.”, es
decir, es algo que nos compromete a
un nivel en el que aspectos biográficos suelen condicionar e incluso cambiar
nuestra postura (2). Así, cabe
aclarar que quien escribe es hoy un estudiante de medicina, agnóstico, sin
hijos.
Cualquier debate serio sobre el
aborto debe ser multidimensional y debe tomar en cuenta debidamente a las
mujeres y sus derechos, no puede reducirse a una discusión valórico-religiosa
sobre el comienzo de la vida y los derechos sólo del que está por nacer, en desmedro de los primeros, en la que los sectores conservadores
con sus vínculos de poder persiguen imponer su visión.
Preliminarmente, debe tenerse
presente que cuando se legisla sobre el aborto no se fuerza a que toda vez que
exista una situación que se encuentre dentro de las que la ley lo permita éste
se lleve a cabo, sino que simplemente se permite – y se debe velar por - que la
mujer decida.
Aborto
Terapéutico
Es necesario hacer una distinción
entre el aborto en general y el Aborto
Terapéutico; este último se define como aquel que se realiza en caso de estar en riesgo la vida o salud
de la madre o casos en que el feto es incompatible con la vida. Otros casos que podrían incluirse en esta
categoría – dependiendo de la
perspectiva del autor se incluyen o no dentro del concepto de terapéutico
- son los casos productos de violaciones e incesto y en general los que afecten
considerablemente la salud mental de la madre. Frente a todos estos casos que
no se cuentan dentro del ‘aborto a secas’, internacionalmente existe mucho
mayor consenso; organizaciones como Amnistía
Internacional - en el marco de los
derechos sexuales y reproductivos - considera que se vulneran los derechos de
las mujeres al impedirles abortar en dichos casos (3). Sólo en 4 países del
mundo (además del Estado Vaticano) está prohibido el Aborto bajo cualquier
circunstancia y Chile está entre ellos, lo que es una muestra del grado de
conservadurismo vigente en el tema (4).
En nuestro país, el Aborto
Terapéutico estuvo permitido desde 1931 hasta 1989 contando con la aprobación
de la comisión de ética del Colegio Médico y de la Sociedad Chilena de
Ginecología y Obstetricia, los únicos requisitos eran que fuese con fines terapéuticos y el
contar con la aprobación de dos médicos (5).
No es fortuito que se haya prohibido en el último año de la Dictadura Militar y
que luego se haya fustigado con el discurso valórico-teológico; debe entenderse
en el contexto de las múltiples maniobras en los años y meses finales del
régimen - ante la inminente ‘transición a la democracia’ - orientados a
consolidar una sociedad conservadora y Neoliberal.
En Chile, el 66,7% de la
población está de acuerdo con el aborto en caso de violación, el 66,4% de
acuerdo cuando esta en peligro la vida de la mujer, el 64% por malformación del
feto y un 94,4% cree que debemos revisar nuestras leyes sobre el aborto (6). Se hace urgente reinstalar un
debate sobre el Aborto Terapéutico que
lo vuelva a legalizar y defina sus términos. De esta manera podremos evitar la
muerte de mujeres, reducir su sufrimiento y el de sus familias o al menos
darles la oportunidad de escoger.
Despenalización
del Aborto
Aquí es preciso hacer ciertas
consideraciones iniciales, pues como ocurre habitualmente con las discusiones
‘valóricas’, reina la hipocresía:
1- Prohibir
el aborto no impide que se realice: Se llevan a cabo 160.000 abortos
clandestinos al año y las muertes provocadas por dichos abortos son una de las
principales causas de mortalidad materna – en el 2000 representaban el 25%,
siendo la primera causa de muerte (7)
-.
2- La penalización del Aborto actualmente implica una grave
discriminación de clase: Tal como sucedió hace un tiempo al prohibirse la
‘píldora del día después’ en el sistema público en condiciones que podía seguir
siendo adquirida en farmacias, quienes tienen dinero para hacerlo, pueden practicarse un aborto
inducido seguro en alguna clínica privada del país mientras que las mujeres
pobres, que muchas veces cuentan con razones mucho más poderosas - dadas por su
situación socioeconómica y las implicancias que tendría no interrumpir el
embarazo para la vida del grupo familiar o la de un futuro niño - para tomar
una determinación por la que deben en
ocasiones incluso arriesgar su vida en los ya referidos abortos clandestinos.
Análogamente a lo que ocurría hasta hace un tiempo con la práctica ilegal del
lucro en las universidades privadas, podemos evidenciar que esta realidad es
conocida socialmente; un 87,4 % de los
chilenos piensa que los pobres están más expuestos a abortos riesgosos (6) pero
ignorada forzosamente por casi la
totalidad de los que han estado en el poder (gobiernos y parlamentarios del
duopolio Alianza-Concertación) y frente a la cual se hace muy poco. Por último,
hay que hacerse cargo del profundo
problema social y de Salud Pública que constituye hoy el embarazo adolescente,
donde los riesgos para la salud y los perjuicios se manifiestan con más fuerza.
No debe perderse de vista que el aborto tiende
a ser la última opción a la que se recurre, por lo que no tendría que aumentar
dramáticamente al legislar al respecto, cuestión que todos deseamos al ser
falsa la dicotomía de los ‘pro-vida’ y los’ pro-aborto’. La
despenalización del aborto debe ir aparejada de programas de educación sexual - que formen en prevención y aspectos básicos pero que también
proporcionen herramientas a las personas para que puedan disfrutar su vida
sexual -, los que paradójicamente son rehuidos por quienes pregonan ser ‘defensores de la vida’; de la disponibilidad en el sistema público de métodos anticonceptivos
incluyendo los de emergencia; asesoría
psicológica a las mujeres en el proceso; programas de adopción integrales; políticas que verdaderamente combatan la desigualdad; acceso igualitario a la educación (en
particular la superior), entre otras medidas que actúen sobre los determinantes sociales que hacen
necesario el aborto, que reduzcan los embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual y que
conduzcan a una sexualidad satisfactoria para tod@s. Debemos emplazarnos desde
la prevención y promoción de la Salud, donde la Atención Primaria y la Salud
Comunitaria pueden cumplir un rol protagónico, especialmente si los
profesionales de la Salud lo promovemos activamente.
No avanzaremos desde el castigo, la
prohibición ni la persecución, ni en este ni en otros aspectos, debemos avanzar
en la resolución de las raíces de los problemas que aquejan a nuestro pueblo y
al mundo.
Como no se trata de un tema donde
se pueda arribar fácilmente a conclusiones universalmente válidas ante la
diversidad de perspectivas de los grupos e individuos, como ya se ha apuntado,
es preciso dar un proceso que posibilite llegar a acuerdos. En los países en
que no está penalizado el aborto, se establecen distintos límites para su
realización, siendo uno de los más comunes las 12 semanas de gestación (8),
entre otras razones porque hasta antes de ese momento existe una alta
probabilidad de abortos espontáneos (y que en consecuencia independiente de
nuestra intervención, ocurren continuamente) y porque desde ahí en adelante es
también más riesgoso para la mujer. Lo anterior aparece como una alternativa
sumamente razonable y que debe ser tomada en cuenta a la hora de legislar.
El consenso debe basarse en
criterios comunes que respeten dicha diversidad y apelar a la consecuencia de
las personas con sus ideas, valores y creencias en vez de forzarlas a seguir lo
definido por unos pocos en función de ciertos grupos de influencia.
Ahora, buscando aportar a la
reflexión colectiva compartiendo mi perspectiva personal, quisiera ingresar en
un terreno algo árido: El debate sobre la vida humana.
El debate sobre
la vida humana
La discusión no es sobre la vida
en abstracto, sino sobre la vida humana, y no puede tampoco reducirse a una
discusión cientificista pues hay creencias y puntos de vista fuertemente
implicados, hay un vínculo con un debate epistemológico sobre la ontología del
ser humano, de concepción antropológica, que condicionará nuestra posición ante
un problema bioético central: ¿Cuándo nos
encontramos frente a un sujeto de derecho y cuándo exclusivamente ante la
decisión de una mujer sobre su propio cuerpo o su proyecto de vida?
El Humanismo plantea que el ser humano no es un ser biológico sino uno
histórico-social que puede transformar incluso su propia ‘naturaleza’. Además,
plantea que como una de sus características
propias es la ‘Apertura al mundo’; en términos de la estructuración intersubjetiva de la
conciencia y de las emociones y en cuanto a las relaciones recíprocas, por un
lado con el mundo inmediato a través de la sensibilidad corporal, y por otro con
lo social e histórico, que son transformados por nuestra acción y a la vez nos
constituyen (9). Otros humanistas
que han escrito acerca del aborto como A. Koryzma (10), F. Ruiz-Tagle (11),
entre otros, han afirmado en sus
artículos que por dicha apertura y por no constituir un ser meramente biológico
no existiría vida humana propiamente tal
sino desde el nacimiento en adelante,
debido a que sería recién entonces cuando pueden comenzar a expresarse
las características fundamentales del ser humano. Aun compartiendo varias de
sus premisas, tengo ciertas diferencias con las posiciones recién descritas.
De acuerdo a Sánchez M. existen diversos tipos de criterios para
conferir el carácter de persona moral a un individuo, dentro de las cuales se
encuentran los graduales de potencialidad
que en palabras sencillas consideran que el derecho a la protección aumenta a
medida que se van actualizando las potencialidades y en general tienden a
afirmar que la persona moral ‘plena’ se puede encontrar en algún momento entre
la nidación y el parto (12). El ser
humano nunca está completo, siempre se está descubriendo y desenvolviendo sus
potencialidades, por lo que no deberíamos
esperar a que un individuo alcance un alto nivel de desarrollo de todas
ellas para considerarlo una persona moral, sino que hacerlo mientras esté en
condiciones de desplegar la mayoría de las fundamentales y ya manifieste
suficientemente algunas de ellas.
Un aspecto crucial es la viabilidad del feto; aunque la vida
humana no sea meramente biológica, una vez que se trata de un individuo viable
podemos afirmar que está en condiciones de desarrollar todas las
potencialidades humanas que trascienden aquello de la misma forma que otro que
nace luego de un período de gestación completo, sólo requeriría para ello de un
apoyo razonable de la sociedad. Lo anterior marca un cambio importante en
cuanto a la dependencia de la madre desde cierto punto, lo que haría menos
claro en ese momento el que sólo esté en juego el derecho de la mujer sobre su
propio cuerpo.
Cabe señalar que gran parte de
los puntos a tratar en lo sucesivo están estrechamente asociados a la
maduración del sistema nervioso, por lo que es esencial distinguir cuándo se
han alcanzado los cambios cualitativos más importantes y propios de la gestación,
puesto que posibilitan cuestiones trascendentes.
Se ha descrito la ‘Apertura
al mundo’ y se ha señalado como una de las características
fundamentales del ser humano, pero cabe preguntarse aquí en qué medida o si es
que está presente previamente al parto; además del desarrollo - algo
rudimentario - de los sentidos que por cierto originan un vínculo con el
mundo, es posible observar una apertura emocional al mundo, existiendo
sensibilidad tanto ante los cambios en el ambiente físico como una conexión con
los estados anímicos de la madre. Más aún, se ha demostrado que la afectividad
en el embarazo puede ser relevante en la ontogenia de los individuos.
También en relación con el carácter de apertura histórico-social de la
existencia humana, es preciso considerar la forma en que el mundo social,
construido históricamente, condiciona las interacciones (simbólicas y
concretas) madre-feto y sociedad-madre-feto que a su vez influyen en su proceso
de construcción como ser humano, lo que nos sugiere que, al menos en algún
grado, la vida intrauterina puede no ser puramente biológica.
Dado que uno de los objetivos del
Humanismo es la superación del dolor y
el sufrimiento humano, la
capacidad de sentir dolor por parte del feto debería ser un elemento a atender,
más allá incluso de la discusión de cuándo alcanza el ‘estatuto humano’, ya que
lo que debemos hacer es construir una sociedad que se oponga al sufrimiento en
general y por tanto establezca un sistema de vida, de relaciones sociales e
incluso más allá, de relación con otras criaturas sintientes (como algunos
animales) que busque evitarlo.
Existen aspectos constitutivos de
lo humano que no se presentan en la vida embrionaria ni fetal: Por una parte la
capacidad de comprensión - en cuanto capacidad no sólo de análisis
racional sino que también de dar sentido -
y la complejidad del lenguaje, que
cumple un rol indispensable en la interpretación y construcción de la realidad
y del ser humano en cuanto tal. Se presentan inevitablemente después del parto
pero sus condiciones de realización sí alcanzan a producirse previo a él, al
producirse el desarrollo del sistema nervioso central. Ahora, también hay que tomar en cuenta que
actualmente hay personas (por ejemplo con enfermedades neurológicas) que no
desarrollan ampliamente estos aspectos y tienen la misma ‘calidad’ de sujetos
de derecho. Esto nos indica que es posible distinguir entre un ser plenamente humano y una persona moral,
siendo ambos iguales en valor para la sociedad pero cualitativamente
diferentes. Por otra parte, están la intencionalidad
de la conciencia y la libertad, que tampoco alcanzan a expresarse
mayormente antes del nacimiento.
No obstante, si observamos
cuidadosamente, podremos reconocer que en el sistema imperante, donde abunda la
opresión, el autoritarismo solapado de la falsa democracia, el individualismo,
la pasividad a la que somos domesticados, el embrutecimiento por la desinformación de los medios de
comunicación, el sometimiento del ser humano al mercado y otros vicios que nos
acaban por deshumanizar, ni siquiera tenemos la certeza de poder alcanzar a
desplegar en plenitud todas estas características ontológicas fundamentales, lo
que agrega otro elemento que dificulta clasificaciones muy estrictas en esta
materia.
Lo que acaba siendo clave en la
práctica es que existe una desproporción en el grado de humanización entre la
mujer y el feto que, durante gran parte de la gestación es suficiente como para
que al entrar en conflicto sus derechos (aunque sean de distinto orden) sea
justificado privilegiar los primeros, concretamente; poder decidir sobre el
propio y cuerpo y más aún sobre el proyecto de vida personal y familiar. De la
misma forma ocurre con la cualidad de persona moral, que no está en duda en el
primer caso y en el segundo, muchas veces es al menos susceptible de ser
relativizada.
En síntesis, de acuerdo a lo
expuesto, es coherente sostener desde el
Humanismo un respaldo al aborto, pero no necesariamente en cualquier punto
previo al parto, pues no es un hito indefectiblemente determinante en el
advenimiento de lo humano.
Finalmente, sólo queda insistir en la urgencia
de deliberar tras un debate público
amplio y serio sobre el aborto, donde las resoluciones se tomen de la forma más
democrática posible y que a mi juicio deberían resultar en la despenalización
del aborto terapéutico y del aborto en general definiéndose los términos de
ambos sobre la base de información pertinente, de los derechos de la mujer y
acompañándose de medidas que permitan la conformación de una política de salud
sexual y reproductiva integral que garantice
el acceso a un aborto seguro y gratuito.
(1) En
particular hablo desde una corriente de surgimiento reciente; el Humanismo Verde y Popular. También se
trabaja en este artículo con el Humanismo
Universalista o Nuevo Humanismo, corriente de pensamiento a la que adscribe
el movimiento humanista y los
organismos que surgen de él, como el Partido Humanista. Uno de sus principales
ideólogos fue Mario Rodríguez Cobos, más conocido como Silo.
(2) Eco U y Martini CM [et al.]. ¿En qué creen los que no creen?. Madrid: Temas de hoy; 1999.
(3) Amnistía Internacional,
Sección Española. Derechos sexuales y
reproductivos de las mujeres. http://www.es.amnesty.org/campanas/no-mas-violencia-contra-las-mujeres/la-campana/derechos-sexuales-y-reproductivos/
(4) Estos países son Malta, El
Salvador, Nicaragua y Chile. APROFA.
Documento Final de Consenso Proyecto SAAF: ‘Generación de una Agenda Pública
para la Despenalización del Aborto por Indicación Médica en Chile: formación de
capacidades para una acción sostenible de instituciones privadas de interés
público en aborto terapéutico’, 2008.
(5) Documento
web de difusión del Observatorio de Políticas Públicas en Salud de la Facultad
de Medicina de la Universidad de Chile (OPPS): “Aborto Terapéutico: ¿Decisión de Mujer o Estado?”. http://issuu.com/elvilches/docs/vilches21
(6) FLACSO-Chile.Estudio de Opinión Pública sobre Aborto:
Brasil, Chile, México y Nicaragua, 2010.
(7) INE. Anuario de Estadísticas Vitales, 2000. Cálculo por Claudia Dides, FLACSO-Chile. http://www.ine.cl/canales/chile_estadistico/demografia_y_vitales/estadisticas_vitales/pdf/anuarios/vitales2000.zip
(8) BBC
Mundo.La ley de aborto en Europa , 2008. http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/science/newsid_7450000/7450810.stm
(9) Silo. Obras Completas vol. I. 2ª ed. Buenos Aires: Magenta; 1998.
(10) Koryzma, A. La interrupción del embarazo y la concepción del ser humano, 2011. http://www.pressenza.com/es/2011/09/la-interrupcion-del-embarazo-y-la-concepcion-del-ser-humano/
(11) Ruiz-Tagle, F. Naturaleza y Libertad, 2012. http://www.pressenza.com/es/2012/03/naturaleza-y-libertad/
(12) Sánchez MA. Historia, teoría y método de la medicina. Barcelona: Masson; 1998.