sábado, 16 de noviembre de 2013

Querían acabar con la historia

Serían los que después anunciasen el fin de la historia, su victoria.
La caída del muro era el ícono con el que rezongaban
extasiados por el triunfo sempiterno del capital.

Clamaban desde la nación que se hace llamar América – en su afán de hacer
del resto del continente su patio trasero – que ya era el fin de las utopías.


¿Habrá sido la grandeza de sus ideas? ¿El absurdo de los sueños revolucionarios?
¿O simplemente su virtud la que les permitió la ilusión del definitivo vencer?
¿No habrá sido que cuando la historia – a sus ojos – se comenzó a torcer,
amenazando a los poderosos y privilegiados, desplegaron todas sus fuerzas?

Querían acabar con la historia, desbaratando sus motores;
aniquilando trabajadores, pobladores y sus cientos de organizaciones
y también mutilando a las nuevas generaciones; ahogando su mente y libertad,
haciéndolos sufrir por la partida incomprensible de sus hermanos, padres, abuelos
e incluso desapareciendo a los mismos niños.

Querían acabar con la historia, negándonos el pasado al buscar
arrasar con todo rastro  y suplantarlo con sus símbolos y relatos viciados.

Querían acabar con la historia, dominando y moldeando aquel presente
con el autoritarismo de fusil, de temor, de brutalidad.

Querían acabar con la historia, que no nos extrañen las heridas y cicatrices
que duelen hasta hoy no sólo a quienes llevan en sí las huellas de la tortura
y de sus seres perdidos, desde el principio atacaban nuestro futuro;
a sus portadores y constructores,  perseguían la reunión, la cultura, el pensamiento.

Querían acabar con la historia, pero les advirtieron; la historia la hacen los pueblos.
Y la porfía de la memoria no ha apagado su fuego; reconstruyendo esa historia,
reconfigurando ideas, organizaciones, proyectos, vamos lentamente
levantando el movimiento social con nuevas luchas en las que germina el poder popular.

No podrán, sin acabar también con ellos mismos,
poner fin a la vocación transformadora del ser humano.


Gonzalo Cuadra Malinarich
Septiembre de 2013, a 40 años del golpe de estado en Chile.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Aborto; una visión política y bioética desde el Humanismo

Desde hace algún tiempo el aborto se ha ido instalando en el debate público, por supuesto como ya es costumbre, mediado por el sensacionalismo de los medios de comunicación en el contexto de ciertos casos polémicos y de la coyuntura electoral, alzándose voces sórdidas desde la Derecha y su gobierno. Por otro lado, diversas organizaciones, tal como viene ocurriendo hace algunos años, han levantado recientemente movilizaciones que reivindican el derecho al aborto.
El presente texto es,  en primer lugar,  un llamado a - y propuestas para - cambiar la situación de Chile en este asunto. Y en segundo lugar, la expresión de una postura ante la interrogante que se nos plantea en el aborto sobre  la vida humana a partir de un ejercicio reflexivo en el marco del Humanismo (1).
La inmensa sensibilidad y complejidad de este tema es innegable, pues en este debate están involucrados temas muy profundos y polémicos. En palabras de  Umberto Eco; “Definir qué es y dónde empieza la vida es una cuestión en la que nos jugamos la vida.”, es decir, es algo que nos compromete a un nivel en el que aspectos biográficos suelen condicionar e incluso cambiar nuestra postura (2). Así, cabe aclarar que quien escribe es hoy un estudiante de medicina, agnóstico, sin hijos.
Cualquier debate serio sobre el aborto debe ser multidimensional y debe tomar en cuenta debidamente a las mujeres y sus derechos, no puede reducirse a una discusión valórico-religiosa sobre el comienzo de la vida y los derechos sólo del que está por nacer, en desmedro de los primeros, en la que los sectores conservadores con sus vínculos de poder persiguen imponer su visión.
Preliminarmente, debe tenerse presente que cuando se legisla sobre el aborto no se fuerza a que toda vez que exista una situación que se encuentre dentro de las que la ley lo permita éste se lleve a cabo, sino que simplemente se permite – y se debe velar por - que la mujer decida.

Aborto Terapéutico

Es necesario hacer una distinción entre el aborto en general y el Aborto Terapéutico; este último se define como aquel que se realiza en caso de estar en riesgo la vida o salud de la madre o casos en que el feto es incompatible con la vida.  Otros casos que podrían incluirse en esta categoría  – dependiendo de la perspectiva del autor se incluyen o no dentro del concepto de terapéutico -  son los casos productos de violaciones e incesto y en general los que afecten considerablemente la salud mental de la madre. Frente a todos estos casos que no se cuentan dentro del ‘aborto a secas’, internacionalmente existe mucho mayor consenso; organizaciones como Amnistía Internacional -  en el marco de los derechos sexuales y reproductivos - considera que se vulneran los derechos de las mujeres al impedirles abortar en dichos casos (3).  Sólo en 4 países del mundo (además del Estado Vaticano) está prohibido el Aborto bajo cualquier circunstancia y Chile está entre ellos, lo que es una muestra del grado de conservadurismo vigente en el tema (4).
En nuestro país, el Aborto Terapéutico estuvo permitido desde 1931 hasta 1989 contando con la aprobación de la comisión de ética del Colegio Médico y de la Sociedad Chilena de Ginecología y Obstetricia, los únicos requisitos  eran que fuese con fines terapéuticos y el contar con la aprobación de dos médicos (5). No es fortuito que se haya prohibido en el último año de la Dictadura Militar y que luego se haya fustigado con el discurso valórico-teológico; debe entenderse en el contexto de las múltiples maniobras en los años y meses finales del régimen - ante la inminente ‘transición a la democracia’ - orientados a consolidar una sociedad conservadora y Neoliberal.
En Chile, el 66,7% de la población está de acuerdo con el aborto en caso de violación, el 66,4% de acuerdo cuando esta en peligro la vida de la mujer, el 64% por malformación del feto y un 94,4% cree que debemos revisar nuestras leyes sobre el aborto (6). Se hace urgente reinstalar un debate sobre el Aborto Terapéutico  que lo vuelva a legalizar y defina sus términos. De esta manera podremos evitar la muerte de mujeres, reducir su sufrimiento y el de sus familias o al menos darles la oportunidad de escoger.

Despenalización del Aborto

Aquí es preciso hacer ciertas consideraciones iniciales, pues como ocurre habitualmente con las discusiones ‘valóricas’, reina la hipocresía:
 1- Prohibir el aborto no impide que se realice: Se llevan a cabo 160.000 abortos clandestinos al año y las muertes provocadas por dichos abortos son una de las principales causas de mortalidad materna – en el 2000 representaban el 25%, siendo la primera causa de muerte (7) -.
2- La penalización del Aborto actualmente implica una grave discriminación de clase: Tal como sucedió hace un tiempo al prohibirse la ‘píldora del día después’ en el sistema público en condiciones que podía seguir siendo adquirida en farmacias, quienes tienen dinero para  hacerlo, pueden practicarse un aborto inducido seguro en alguna clínica privada del país mientras que las mujeres pobres, que muchas veces cuentan con razones mucho más poderosas - dadas por su situación socioeconómica y las implicancias que tendría no interrumpir el embarazo para la vida del grupo familiar o la de un futuro niño - para tomar una determinación  por la que deben en ocasiones incluso arriesgar su vida en los ya referidos abortos clandestinos. Análogamente a lo que ocurría hasta hace un tiempo con la práctica ilegal del lucro en las universidades privadas, podemos evidenciar que esta realidad es conocida socialmente; un 87,4 % de los chilenos piensa que los pobres están más expuestos a abortos riesgosos (6) pero ignorada forzosamente  por casi la totalidad de los que han estado en el poder (gobiernos y parlamentarios del duopolio Alianza-Concertación) y frente a la cual se hace muy poco. Por último, hay que hacerse cargo del profundo problema social y de Salud Pública que constituye hoy el embarazo adolescente, donde los riesgos para la salud y los perjuicios se manifiestan con más fuerza.
 No debe perderse de vista que el aborto tiende a ser la última opción a la que se recurre, por lo que no tendría que aumentar dramáticamente al legislar al respecto, cuestión que todos deseamos al ser falsa la dicotomía de los ‘pro-vida’ y los’ pro-aborto’. La despenalización del aborto debe ir aparejada de programas de educación sexual - que formen en prevención  y aspectos básicos pero que también proporcionen herramientas a las personas para que puedan disfrutar su vida sexual -, los que paradójicamente son rehuidos por quienes pregonan ser ‘defensores de la vida’; de la disponibilidad  en el sistema público de métodos anticonceptivos incluyendo los de emergencia; asesoría psicológica a las mujeres en el proceso; programas de adopción integrales; políticas que verdaderamente combatan la desigualdad; acceso igualitario a la educación (en particular la superior), entre otras medidas que actúen sobre los determinantes sociales que hacen necesario el aborto, que reduzcan los embarazos no deseados y  enfermedades de transmisión sexual y que conduzcan a una sexualidad satisfactoria para tod@s. Debemos emplazarnos desde la prevención y promoción de la Salud, donde la Atención Primaria y la Salud Comunitaria pueden cumplir un rol protagónico, especialmente si los profesionales de la Salud lo promovemos activamente.
 No avanzaremos desde el castigo, la prohibición ni la persecución, ni en este ni en otros aspectos, debemos avanzar en la resolución de las raíces de los problemas que aquejan a nuestro pueblo y al mundo.
Como no se trata de un tema donde se pueda arribar fácilmente a conclusiones universalmente válidas ante la diversidad de perspectivas de los grupos e individuos, como ya se ha apuntado, es preciso dar un proceso que posibilite llegar a acuerdos. En los países en que no está penalizado el aborto, se establecen distintos límites para su realización, siendo uno de los más comunes las 12 semanas de gestación (8), entre otras razones porque hasta antes de ese momento existe una alta probabilidad de abortos espontáneos (y que en consecuencia independiente de nuestra intervención, ocurren continuamente) y porque desde ahí en adelante es también más riesgoso para la mujer. Lo anterior aparece como una alternativa sumamente razonable y que debe ser tomada en cuenta a la hora de legislar.
El consenso debe basarse en criterios comunes que respeten dicha diversidad y apelar a la consecuencia de las personas con sus ideas, valores y creencias en vez de forzarlas a seguir lo definido por unos pocos en función de ciertos grupos de influencia.
Ahora, buscando aportar a la reflexión colectiva compartiendo mi perspectiva personal, quisiera ingresar en un terreno algo árido: El debate sobre la vida humana.

El debate sobre la vida humana

La discusión no es sobre la vida en abstracto, sino sobre la vida humana, y no puede tampoco reducirse a una discusión cientificista pues hay creencias y puntos de vista fuertemente implicados, hay un vínculo con un debate epistemológico sobre la ontología del ser humano, de concepción antropológica, que condicionará nuestra posición ante un problema bioético central: ¿Cuándo nos encontramos frente a un sujeto de derecho y cuándo exclusivamente ante la decisión de una mujer sobre su propio cuerpo o su proyecto de vida?
El Humanismo plantea que el ser humano no es un ser biológico sino uno histórico-social que puede transformar incluso su propia ‘naturaleza’. Además, plantea que como una de sus  características propias es la ‘Apertura al mundo’; en términos de la  estructuración intersubjetiva de la conciencia y de las emociones y en cuanto a las relaciones recíprocas, por un lado con el mundo inmediato a través de la sensibilidad corporal, y por otro con lo social e histórico, que son transformados por nuestra acción y a la vez nos constituyen (9). Otros humanistas que han escrito acerca del aborto como A. Koryzma (10), F. Ruiz-Tagle (11), entre otros, han afirmado  en sus artículos que por dicha apertura y por no constituir un ser meramente biológico no existiría vida humana propiamente tal sino desde el nacimiento en adelante,  debido a que sería recién entonces cuando pueden comenzar a expresarse las características fundamentales del ser humano. Aun compartiendo varias de sus premisas, tengo ciertas diferencias con las posiciones recién descritas.
De acuerdo a Sánchez  M. existen diversos tipos de criterios para conferir el carácter de persona moral a un individuo, dentro de las cuales se encuentran los graduales de potencialidad que en palabras sencillas consideran que el derecho a la protección aumenta a medida que se van actualizando las potencialidades y en general tienden a afirmar que la persona moral ‘plena’ se puede encontrar en algún momento entre la nidación y el parto (12). El ser humano nunca está completo, siempre se está descubriendo y desenvolviendo sus potencialidades, por lo que no deberíamos  esperar a que un individuo alcance un alto nivel de desarrollo de todas ellas para considerarlo una persona moral, sino que hacerlo mientras esté en condiciones de desplegar la mayoría de las fundamentales y ya manifieste suficientemente algunas de ellas.
Un aspecto crucial es la viabilidad del feto; aunque la vida humana no sea meramente biológica, una vez que se trata de un individuo viable podemos afirmar que está en condiciones de desarrollar todas las potencialidades humanas que trascienden aquello de la misma forma que otro que nace luego de un período de gestación completo, sólo requeriría para ello de un apoyo razonable de la sociedad. Lo anterior marca un cambio importante en cuanto a la dependencia de la madre desde cierto punto, lo que haría menos claro en ese momento el que sólo esté en juego el derecho de la mujer sobre su propio cuerpo.
Cabe señalar que gran parte de los puntos a tratar en lo sucesivo están estrechamente asociados a la maduración del sistema nervioso, por lo que es esencial distinguir cuándo se han alcanzado los cambios cualitativos más importantes y propios de la gestación, puesto que posibilitan cuestiones trascendentes.
Se ha descrito la ‘Apertura al mundo’ y se ha señalado como una de las características fundamentales del ser humano, pero cabe preguntarse aquí en qué medida o si es que está presente previamente al parto; además del desarrollo - algo rudimentario - de los sentidos que por cierto originan un vínculo con el mundo,  es posible observar una apertura emocional al mundo, existiendo sensibilidad tanto ante los cambios en el ambiente físico como una conexión con los estados anímicos de la madre. Más aún, se ha demostrado que la afectividad en el embarazo puede ser relevante en la ontogenia de los individuos.
También en relación con el carácter de apertura histórico-social de la existencia humana, es preciso considerar la forma en que el mundo social, construido históricamente, condiciona las interacciones (simbólicas y concretas) madre-feto y sociedad-madre-feto que a su vez influyen en su proceso de construcción como ser humano, lo que nos sugiere que, al menos en algún grado, la vida intrauterina puede no ser puramente biológica.
Dado que uno de los objetivos del Humanismo es la superación del dolor y el sufrimiento humano, la capacidad de sentir dolor por parte del feto debería ser un elemento a atender, más allá incluso de la discusión de cuándo alcanza el ‘estatuto humano’, ya que lo que debemos hacer es construir una sociedad que se oponga al sufrimiento en general y por tanto establezca un sistema de vida, de relaciones sociales e incluso más allá, de relación con otras criaturas sintientes (como algunos animales) que busque evitarlo.
Existen aspectos constitutivos de lo humano que no se presentan en la vida embrionaria ni fetal: Por una parte la capacidad de comprensión  - en cuanto capacidad no sólo de análisis racional sino que también de dar sentido -  y la complejidad del lenguaje, que cumple un rol indispensable en la interpretación y construcción de la realidad y del ser humano en cuanto tal. Se presentan inevitablemente después del parto pero sus condiciones de realización sí alcanzan a producirse previo a él, al producirse el desarrollo del sistema nervioso central.  Ahora, también hay que tomar en cuenta que actualmente hay personas (por ejemplo con enfermedades neurológicas) que no desarrollan ampliamente estos aspectos y tienen la misma ‘calidad’ de sujetos de derecho. Esto nos indica que es posible distinguir entre un ser plenamente humano y una persona moral, siendo ambos iguales en valor para la sociedad pero cualitativamente diferentes. Por otra parte, están la intencionalidad de la conciencia y la libertad, que tampoco alcanzan a expresarse mayormente antes del nacimiento.
No obstante, si observamos cuidadosamente, podremos reconocer que en el sistema imperante, donde abunda la opresión, el autoritarismo solapado de la falsa democracia, el individualismo, la pasividad a la que somos domesticados, el embrutecimiento  por la desinformación de los medios de comunicación, el sometimiento del ser humano al mercado y otros vicios que nos acaban por deshumanizar, ni siquiera tenemos la certeza de poder alcanzar a desplegar en plenitud todas estas características ontológicas fundamentales, lo que agrega otro elemento que dificulta clasificaciones muy estrictas en esta materia.
Lo que acaba siendo clave en la práctica es que existe una desproporción en el grado de humanización entre la mujer y el feto que, durante gran parte de la gestación es suficiente como para que al entrar en conflicto sus derechos (aunque sean de distinto orden) sea justificado privilegiar los primeros, concretamente; poder decidir sobre el propio y cuerpo y más aún sobre el proyecto de vida personal y familiar. De la misma forma ocurre con la cualidad de persona moral, que no está en duda en el primer caso y en el segundo, muchas veces es al menos susceptible de ser relativizada.
En síntesis, de acuerdo a lo expuesto, es coherente sostener desde el Humanismo un respaldo al aborto, pero no necesariamente en cualquier punto previo al parto, pues no es un hito indefectiblemente determinante en el advenimiento de lo humano.
 Finalmente, sólo queda insistir en la urgencia de  deliberar tras un debate público amplio y serio sobre el aborto, donde las resoluciones se tomen de la forma más democrática posible y que a mi juicio deberían resultar en la despenalización del aborto terapéutico y del aborto en general definiéndose los términos de ambos sobre la base de información pertinente, de los derechos de la mujer y acompañándose de medidas que permitan la conformación de una política de salud sexual y reproductiva integral que garantice el acceso a un aborto seguro y gratuito.

 

(1) En particular hablo desde una corriente de surgimiento reciente; el Humanismo Verde y Popular. También se trabaja en este artículo con el Humanismo Universalista o Nuevo Humanismo, corriente de pensamiento a la que adscribe el movimiento humanista y los organismos que surgen de él, como el Partido Humanista. Uno de sus principales ideólogos fue Mario Rodríguez Cobos, más conocido como Silo.
(2) Eco U y Martini  CM [et al.]. ¿En qué creen los que no creen?. Madrid: Temas de hoy; 1999.
(3) Amnistía Internacional, Sección Española. Derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. http://www.es.amnesty.org/campanas/no-mas-violencia-contra-las-mujeres/la-campana/derechos-sexuales-y-reproductivos/
(4) Estos países son Malta, El Salvador, Nicaragua y Chile. APROFA. Documento Final de Consenso Proyecto SAAF: ‘Generación de una Agenda Pública para la Despenalización del Aborto por Indicación Médica en Chile: formación de capacidades para una acción sostenible de instituciones privadas de interés público en aborto terapéutico’, 2008.
(5) Documento web de difusión del Observatorio de Políticas Públicas en Salud de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile (OPPS): “Aborto Terapéutico: ¿Decisión de Mujer o Estado?”. http://issuu.com/elvilches/docs/vilches21
(6) FLACSO-Chile.Estudio de Opinión Pública sobre Aborto: Brasil, Chile, México y Nicaragua, 2010.
(7) INE. Anuario de Estadísticas Vitales, 2000. Cálculo por Claudia Dides, FLACSO-Chile. http://www.ine.cl/canales/chile_estadistico/demografia_y_vitales/estadisticas_vitales/pdf/anuarios/vitales2000.zip
(8) BBC Mundo.La ley de aborto en Europa , 2008. http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/science/newsid_7450000/7450810.stm
(9) Silo. Obras Completas vol. I. 2ª ed. Buenos Aires: Magenta; 1998.
(10) Koryzma, A. La interrupción del embarazo y la concepción del ser humano, 2011. http://www.pressenza.com/es/2011/09/la-interrupcion-del-embarazo-y-la-concepcion-del-ser-humano/
(11) Ruiz-Tagle, F. Naturaleza y Libertad, 2012. http://www.pressenza.com/es/2012/03/naturaleza-y-libertad/

(12) Sánchez MA. Historia, teoría y método de la medicina. Barcelona: Masson; 1998.

jueves, 25 de agosto de 2011

La Falacia del 'Realismo'

     Realismo

   “El realismo que se atribuyen esos realistas
de lo establecido, lo inmutable
Esos conservadores, desautorizadores
de sueños e ideales,
No es más que la ceguera,
de la desesperanzada ignorancia,
Y la más podrida soberbia,
     de la autocomplacencia.

     El cambio, la transformación, la evolución,
     son de la existencia universal,
     intrínseca característica y condición,
     única certeza y realidad.


     El sentido de la vida, como la historia
     y el progreso de la humanidad,
     son procesos que podemos direccionar.

     Sólo hace falta; sentir, observar,
     imaginar, soñar, reflexionar,
     comunicarnos, decidir y actuar,
     construir la realidad.
     
     Ser para vivir y vivir para ser,
     buscar y entregar la paz, equilibrar,
     amarse y sin fin amar,
     todo para ser y hacer, la felicidad. "

                      Gonzalo Cuadra.



         Con estos dos textos,  intento caracterizar y criticar  lo que he llamado "La Falacia del Realismo", observable en nuestras sociedades en distintos contextos, momentos históricos, en distintas dimensiones y que en nuestros días aparece frecuentemente en el discurso de algunos; ciertos actores de la sociedad, como determinados actores políticos que tienden a desestimar o no considerar algunas propuestas o ideas, no tomar determinadas acciones o decisiones para llevar a cabo transformaciones, "porque es poco realista". Aunque también se encuentra a veces en las palabras o el ideario de gente "común y corriente".


     
El recurso retórico en sí, es bastante simple y generalmente se usa para dar una respuesta "rápida y simple" o construir un discurso que parezca sensato y suene convincente, sin embargo, se traduce en la estructuración de una posición soberbia con el uso  de un argumento inválido; Se llama a desestimar cierta idea o proyecto simplemente por ser "poco realista", eludiendo toda discusión seria y profunda al respecto, apelando a un 'sentido común' que niegue lo que amenace lo tradicional o aceptado como válido.

        A mi modo de ver, plantearse como "realista" al desechar un sueño, proyecto o idea política es tan peligroso como considerar que uno cuenta con 'objetividad' y que la propia perspectiva ideológica, con la que se vincula la evaluación de determinados problemas o temas es una verdad, algo incuestionable. Vendría siendo una disfrazada forma de persuadir de un fundamentalismo conservador ante una determinada cuestión.


       Una falacia, en lógica o debate, en términos bastante generales puede definirse como un razonamiento errado, una afirmación que no se sigue de sus premisas, etc. Quizás lo que yo busco denunciar no puede definirse como una falacia en el sentido estrictamente académico o lógico, pero sí como una "falacia en el debate político", puesto que afirma el statu quo y lo consolida como exclusiva referencia valida para pensar lo posible, cuando el ser humano construye su propia realidad (personal y social) a través del lenguaje y  la cultura con sus expresiones, a través de la organización social y política, no es por designios divinos ni cuestiones 'naturales'.
  
      La utilización de dicho recurso, es observable especialmente en los sectores políticos más conservadores, pero generalmente está presente en los partidos o conglomeraciones políticas imperantes que se disputan continuamente el poder, en una gran variedad de coyunturas y frente a muchos temas; como es el caso de la Educación, la inversión en armamento, la exacerbada desigualdad social, el verdadero aprovechamiento por parte de las naciones de sus recursos naturales, el cuidado del medio ambiente, asambleas constituyentes, consultas ciudadanas para los temas trascendentales, entre otros. Pero en momentos como los presentes, en que el movimiento estudiantil ha forzado poner en debate asuntos antes planteados como utópicos, como la educación gratuita, pero sobre todo el sistema educativo  Chileno - eminentemente neoliberal e impuesto en dictadura- en sí, en sus pilares esenciales, comprendemos que es posible instalar críticas y nuevas visiones a cuestiones profundamente instaladas.

    De esta forma, con esta 'falacia', se obstaculiza nuestro progreso social, obstruye nuestra comprensión e incluso, coarta nuestra libertad; nuestra libertad para criticar el estado actual, idear, pensar en nuevas formas y posibilidades para dar luz a los cambios que vemos profundamente necesarios, nuestra libertad de decidir y orientarnos en dirección hacia esos cambios, nuestro derecho a rebelarnos de forma justa ante lo establecido. Todo esto, desautorizado y ridiculizado por "Los Realistas".

La hoy tan manoseada - y casi 'cliché'- frase "Seamos realistas, pidamos lo imposible", es un grito en la historia, quizás no planteado exactamente en el mismo sentido, pero que también cuestiona el valor del "realismo" en la reflexión sobre la sociedad que queremos construir.

Creo que pensar críticamente a veces implica reivindicar el Derecho a Soñar; A soñar sueños que luego sean el sueño que es la realidad.

A eso los invito, a construir la sociedad no en base al "realismo" que perpetúa el statu quo sino al debate y construcción colectiva de nuestros sueños.
     
  



                 

domingo, 26 de abril de 2009

Vivimos en medio de Contradicciones Insostenibles I


Si consideramos y analizamos - por una parte -los avances en el campo del pensamiento, la ciencia y la tecnología o mejor aún; la evolución histórica de la comprensión humana de los distintos campos que construyen su vida, su conocimiento y su visión de si mismo, de la realidad, del mundo y el universo, y luego - por otra parte- abrimos nuestros ojos a cómo funcionan hoy las cosas y todo lo que ocurre, nos daremos cuenta que nos hallamos frente a contraposiciones dramáticas.

Éstas discordancias, ésta dialéctica -especialmente para los más sensibles a lo que ocurre a su alrededor o los jóvenes- llegan a ser tan profundas, que muchas veces, parece ser que todo lo establecido, careciera de sentido. Que todo fuera una mera ilusión, regida por principios y tiempos que escapan a nuestro entendimiento, a nuestro verdadero estado psicológico, cognitivo, intelectual y emocional, que -fuera de lo material- no fuera más que un vacío mundo que no toma en cuenta nuestra propia evolución.

Existe un caso fundamental, emblemático, universal, que nos sirve de base para este análisis, su importancia no puede ser subestimada bajo ninguna circunstancia y tuvo su génesis ¡Hace más de 60 años!:

Sí, fue hace más de 60 años y se trata de la "Declaración Universal de los Derechos Humanos", emanada desde la Organización de Naciones Unidas (ONU), por medio de representantes de todas las naciones, pero que indudablemente hallaba su sentido en la historia y en el seno de todos los pueblos que dan vida a la diversa familia humana. En ella se alzaban grandiosamente los principios de libertad, paz, justicia, dignidad e igualdad y se proclamaban estos derechos como inalienables y válidos para cualquier ser humano. Y parecía orientar cómo debía andarse el camino de la civilización humana para alcanzar sus aspiraciones.

  En ella se hablaba del derecho a la vida - pero a la vida digna -, al derecho a la salud, a la educación, a no ser discriminado, del derecho al trabajo y su libre elección, el derecho a no ser esclavizado ni violentado de ninguna forma, el derecho a ser resguardado, el derecho a la vivienda -insisto, pero a una vivienda digna- y al acceso a los alimentos. Se hablaba también de la necesidad de las personas y los países de convivir entre sí en paz y fraternidad.

  Mucho se puede decir de esos treinta artículos amigos míos, pero lo más trascendental, radica en que, en ese momento histórico, podríamos establecer que se avanzó enormemente, que se llegó a un nivel muy desarrollado de la comprensión de QUÉ ES LO QUE NECESITA EL SER HUMANO PARA DESARROLLARSE PLENA Y LIBREMENTE Y QUÉ LE GARANTIZA UNA VIDA DIGNA Y JUSTA. Sin embargo, hoy somos testigos, en todo el mundo, de situaciones absolutamente injustas, inhumanas, de la destructiva brutalidad, del individualismo, de la violencia en todas sus formas y sobre todo, del sufrimiento humano:

-Basta con mirar el continente africano, azotado impunemente por el dolor, el hambre, la más dramática injusticia y discriminación, un continente que está batallando por poder desarrollarse, por surgir, pero que - en suma - se encuentra ahogado por las guerras desatadas en algunas regiones.

-Basta con acabar con nuestra ceguera y ser capaces de mirar las desigualdades evidentes de las condiciones de vida de miles de personas a nuestro alrededor y en lugares vecinos o lejanos.

-Basta con mirar las guerras.

-Basta con mirar nuestro paisaje humano tan contaminado de relaciones interpersonales degradadas, depresiones, superficialidad, violencia, consumismo, miedo, ignorancia y sobre todo falta de esperanzas, valores, sueños y su consecuente búsqueda.

¡Qué ridículo es esto cuando se sabe que este planeta produce más de 5 veces lo que necesita para alimentar a toda su población!

¡Qué indignante, cuando se tiene conocimiento de que esa misma hambre, puede resolverse con el 10 % de lo que se gasta en armamento y qué decir de lo que se haría si se empleara el 30 o el 50 en mejorar la vida de las personas de todo el mundo!

¡Qué doloroso es saber que el potencial del armamento nuclear, es capaz de acabar completamente con nuestra tierra varias veces!

¡Qué lamentable es ver cómo nuestra tierra pide auxilio!

En todo lo expuesto hasta ahora, se evidencian profundas contradicciones:

- Entre aquello que se sabe es fundamental y necesario para la vida plena de los seres humanos y los pocos lugares o lo poco que verdaderamente les garantizan DE FORMA INCONDICIONAL - a nivel de estados nacionales y la comunidad internacional- sus derechos a las personas en este planeta.

- Por un lado la abundancia, la sobreproducción de alimentos, toda la tecnología y los recursos necesarios para resolver las necesidades más básicas de la humanidad y por el otro lado, cómo en un sistema económico regido por la oferta y la demanda -el actual neoliberalismo-, indiferente a las necesidades humanas, esto se convierte en un problema para quiénes se quieren beneficiar y no se traduce en la efectiva erradicación de estas falencias: Oferta excesiva = bajos precios = menos utilidades, lo que da como resultado final que se desechen toneladas de comida mientras gente en todo el mundo muere de hambre, desnutrición o enfermedades derivadas de ella.

- Por una parte exorbitantes gastos en fábricas de muerte y vergonzosas cantidades de armamento nuclear, que mantiene un peligro latente de que se desarrollen hechos con desenlaces catastróficos y que perpetúan el afán bélico y violento. Por otra parte, tenemos la posibilidad de basarnos en el diálogo y la buena comunicación que hemos ido desarrollando - y que juega un rol tan positivo e importante en nuestra sociedad y nuestra vida - para resolver nuestros conflictos. Más contradictorio es aún, cuando el camino de la paz, tan deseada y soñada por muchos, entregaría las condiciones y los recursos para el progreso integral mundial.

  ¿Enormes contradicciones no?

  Existen muchas otras, que hacen cada vez más crítico e insostenible nuestro estado actual, pero ni siquiera con todo esto, podemos apresurarnos y arribar a conclusiones equivocadas:

  Llegar a pensar que esto "es parte de nuestra naturaleza, que estamos corruptos, que no tenemos remedio, o que hay que tomarse la justicia por las manos y acabar con el escándalo de una vez por todas sin importar cómo se logre o que estamos perdidos y mejor que cada uno se las arregle por sí solo ni menos aún  creer que es algo que nunca cambiará, que es imposible...". Afortunadamente, esto no es así, somos capaces de transformar nuestras circunstancias históricas, sociales y políticas.

  Convencernos a nuestros mismos, creer alguna de las cosas dichas recién no hace más que acentuar el sin sentido y obstruir la comprensión y la acción en búsqueda de una solución... (Continuará)


 Saludos a Todos

lunes, 9 de febrero de 2009

Crisis: Paralizante o Reveladora, es nuestra decisión.


En este momento, prácticamente nadie desconoce que nos encontramos en medio de una crisis económica de dimensiones bastante considerables. Que la "economía mundial" se encuentra en un momento de inestabilidad, de caos, que todo un sistema tambalea y arrastra quiebras, recesiones y desempleo con su vaivén.

Este tipo de contexto internacional, en medio de un clima de incertidumbre y desorden, genera diversas reacciones. Una reacción común en los pueblos - o más concretamente en las personas - es el surgimiento del temor y el comenzar a cuestionarse qué ocurrirá con su empleo, con su sueldo, sus deudas y su familia, qué tan profundas serán las consecuencias de la crisis en su medio inmediato, en su país y en el mundo y qué decisiones "se tomarán" - pues "no es normal" que se les permita tener injerencia sobre los asuntos ni se les hable con claridad ni directamente de las decisiones y medidas- para superarla (tanto a nivel internacional como en el gobierno de su país).

A los seres humanos el temor, en general, nos provoca sufrimiento, nos paraliza o nos hace tomar determinaciones apresuradas y difícilmente acertadas.

Reaccionar con temor en este caso, dadas las circunstancias, es perfectamente comprensible. Pero esta crisis es en muchos sentidos una oportunidad, y para aprovecharla, es necesario adoptar además otras actitudes.

Es necesario adoptar una actitud reflexiva y analítica, que nos permita comprender los orígenes, las causas y los responsables en el desarrollo de esta crisis y así poder explicar la situación actual, que es una oportunidad para abrir los ojos. Sí, una oportunidad para abrir los ojos ante aquello que nos es difícil vislumbrar cuando, ayudados por los principales medios de comunicación a nivel mundial, el sistema parece funcionar bien (cuando no está en crisis), una oportunidad para ver:

- Que el sistema neo liberal, la idea de la perfección o auto regulación del mercado, esta economía "globalizada" o globalización en la que en realidad se encuentran agrupados los principales grupos de poder económico y político - como los grandes bancos y los países con influencias incluso imperialistas como E.E.U.U. y que "orientan" en bastantes aspectos los destinos del resto de la humanidad insertos en esta economía - son conceptos que, aunque una "selecta minoría" y otros convencidos lo lamenten o no lo quieran ver, pierden sentido.

Y pierden sentido, no sólo por este momento en particular, sino porque vemos como, a nivel global, la riqueza se encuentra cada vez más concentrada, la pobreza por lo tanto es cada vez mayor, la destrucción del medio ambiente es cada vez más acentuada bajo el sistema, como mueren millones de niños y personas a causa del hambre o de enfermedades que se podrían perfectamente prevenir (si no cree todo esto, vea el documental zeitgeist addendum) y el mal estado de numerosos sistemas educacionales y de salud (al mercantilizarse), que todos sabemos son vitales en la existencia del ser humano.

- Nos permite ver también, que mientras nos hallemos regidos por este sistema económico-político (y a veces incluso político - económico - religioso), no avanzaremos en dirección a la paz (la guerra es uno de los grandes negocios y no hay voluntad política para acabar con esta "vía de resolución de conflictos" pues reporta ganancias y "todo es un negocio" ¿no?), hacia la equidad, la justicia, la integración y colaboración mundial - hay conspiraciones, "integraciones económicas" (especulaciones mejor realizadas al hacerse en conjunto) pero no se impulsa una verdadera comunicación e integración fraterna de los pueblos por el bien común- en resumen, no iremos en una dirección positiva como civilización humana, y puede haber desenlaces catastróficos en un par de décadas.

Para mí, esta crisis es reveladora: permite afirmar con toda certeza, que definitivamente necesitamos un cambio, un profundo cambio personal, social e institucional para darle un giro positivo a la historia de la humanidad -una revolución - y debe comenzar a gestarse ya. Como muchos han señalado en la historia, ese cambio debe empezar en cada uno de nosotros, en cada conciencia y debemos actuar en conjunto para que ese cambio ocurra.

No se cual es la solución concreta ni cual es la transición adecuada a un mundo completamente distinto y mejor, pero veo cuáles deben ser sus características:

- Como señaló alguna vez Silo, se debe poner al ser humano como valor y preocupación central - por sobre el dinero, sobre el estado mismo, sobre cualquier otro interés o preocupación que no sea el ser humano, la persona- y no se puede poner ningún ser humano por encima del otro - si no queremos entrar en estas oscuras épocas propiciadas por la corrupción que provoca en estas minorías el poder(económico y/o político) -.

- Debe ser un desarrollo que vaya en equilibrio con el medio ambiente, por el bien de todos, para que no lleguemos a un callejón sin salida con todo esto del calentamiento global y aprovechemos los recursos y las bellezas que nos entrega nuestra generosa tierra, en beneficio de la calidad de vida de todas las personas.

- Debemos colaborar en todo sentido entre naciones para el aprovechamiento óptimo de los recursos del planeta para toda la humanidad, renunciar a la guerra como vía de resolución de conflictos, necesitamos el desarme nuclear y luego el de otras formas de armamento y debemos renunciar también a toda forma de violencia para dar el siguiente paso en la evolución de las sociedades ( para así llegar a "el fin de la prehistoria" como se titula el libro de Tomás Hirsch).

- Necesitamos una revolución, pero debe ser una revolución no - violenta, una revolución de las conciencias, insisto, en las conciencias de las personas para que reflexionen y busquen unidas la construcción de un mundo muy distinto, de un mundo humano, de justicia social, paz y libertad (de los seres humanos, no esta "libertad del mercado, o del dinero").


Es una oportunidad para pensar una forma distinta de hacer las cosas, la oportunidad de soñar un nuevo mundo, es su decisión, enfrentaremos esto como una crisis paralizante y atemorizadora, en la que esperamos que otros solucionen las cosas que nos pueden llegar a afectar enormemente o una crisis reveladora, en la que se nos hace evidente nuestra crisis como civilización y en la que comencemos a trabajar en conjunto por construir algo distinto, quizás la "nación humana universal" con la que los humanistas soñamos, o simplemente, un mundo mejor.

Saludos a todos
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